lunes, 27 de abril de 2020

¿CUANTO VALE?

La pregunta no es ¿Cuánto vale el show?  Es simple y llanamente: ¿Cuánto vale? Surge cuando alguien intenta averiguar el precio de algo, pero como este es confundido con aquel, es decir, con valor, hay tendencia a errar. Y errar es de humanos.
Trataré en la medida de la capacidad de mis neuronas de explicar tres conceptos de uso frecuente a los fines de aclararlos a propios y extraños; los propios son los avaluadores y los extraños, quienes no lo son. Los tres conceptos son: PRECIO, COSTO y VALOR.

PRECIO. Es la cantidad demandada, ofrecida o pagada por un activo”. Lo entrecomillado, en negrillas y en letra script es la frase que define la Normas Internacionales de Valuación del 2011, el concepto Precio.
En la práctica: los venezolanos pagan por un litro de gasolina menos que la propina dejada al “bombero” de la estación de combustibles.
La propaganda emprendida por el Gobierno para convencer de la necesidad de aumentar su precio a “los culpables del consumo desmedido de la gasolina”, refleja una verdad claridad meridiana: su costo es mayor, pero el consumidor no lo paga. Entonces, ahora que los fondos públicos escasean se debe aumentar. ¿Recuerdan los primero días del segundo gobierno de Carlos Andrés?
Cuando la mercancía escasea, esta se encarece. Si no se tiene dinero, se pide prestado; quien lo tiene lo cede a cambio de su precio y una cantidad adicional, y esta es su costo, costo de oportunidad.

COSTO. Está asociado, mentalmente, a un esfuerzo. Una expresión que lo modela es: ¡Carajo, si me costó conseguir los pañales para mi abuela!
El comentario refleja la realización de una labor adicional para la obtención del artículo citado; esfuerzo que puede haber sido, por ejemplo, hacer fila durante 4 horas a la puerta de un mercado; “zanquear” por varios puntos del área urbana; llamar a varios amigos; consultar telefónicamente a los expendedores o, también, elegir entre pagar un poco más y obtenerlo ya, o invertir todo el tiempo en su búsqueda para comprarlo al precio de lista.
En el ámbito avaluatorio, “COSTO es la cantidad requerida para adquirir o crear un activo”- lo resaltado es la definición que aparece en las Normas Internacionales de Valuación del 2011. En el ámbito de la construcción de edificios, el Costo de una partida como por ejemplo, construir una pared, resulta de sumar los siguientes rubros: el precio de los bloques, la arena, el cemento, el agua, las herramientas, los obreros, los albañiles, el transporte, la administración de los recursos, las prestaciones sociales, la ganancia de quien contrata.

VALOR. Es la cantidad de dinero fijada por alguien para intercambiar una mercancía. Hay otros modos de definir el valor asociados a la intangibilidad que es materia y tratamiento en otra oportunidad.
¿Cuánto vale? Es la interrogante interior de alguien que quiere vender su propiedad. Y la cantidad fijada a posteriori, está asociada con sus necesidades vitales. Porque necesidades vitales, en el caso de los adultos contemporáneos, es la adquisición de medicamentos para el tratamiento de sus dolencias; el pago de los servicios públicos de su vivienda; la compra de los alimentos para la dieta diaria; su confort personal; el pago del transporte y todo lo que tenga que ver con su expectativa de vida, pero, también, la adquisición de otra vivienda de menor tamaño en la misma ciudad o en otra menos ruidosa.
Las IVS, siglas de International Standard Valuation, definen el VALOR así: “No es un hecho sino una opinión sobre: a) el precio que con más probabilidad se pague por un activo o b) los beneficios económicos de poseer un activo.

Ahora, póngase en contexto, todo lo anteriormente expresado.

Molina es el apellido de un ministro emisor de una opinión acerca de la labor de los avaluadores, dice la noticia:

Este martes a través de una entrevista en VTV, el ministro de Vivienda y Hábitat, Ricardo Molina, aseguro que el precio de una vivienda en alquiler o venta "lo fijan los portales web”, por ello los avaluadores de inmuebles "perdieron cancha” en su trabajo.
"Los avaluadores de inmuebles en Venezuela perdieron cancha en su trabajo. Ya no tiene validez en el mercado especulativo. El precio lo fijan los portales, que lo denunciamos hace 3 años. Todavía hay incautos que le pagan a no sé quién hasta 40 mil bolívares y los estafan. Aquel que se deja estafar, es muy doloroso, pero permanentemente estamos trabajando que a veces son estafadores que motivan grupos sociales. Ahorita tenemos en construcción casi 400 mil viviendas. Maduro ha instruido antes de junio construir 400 mil más”, dijo el titular de Vivienda y Hábitat.”

Es la opinión de él y refleja una confusión. Se auto confunde y también a los demás, con el agravante que la confusión lleva a señalar con el dedo o, mejor dicho, sugerir que algunos de sus prójimos y colegas, tengo entendido que es Arquitecto, son responsables de ello.
Alguien que tenga claro su rol en la sociedad sabe que existen otros que han estudiado para tener un punto de vista diferenciador con el resto. Los avaluadores no fijan los “valores de los inmuebles o de los bienes puestos en el mercado”, antes bien, estudian el mercado que, por cierto, tiene dos fuentes: una, la pública, la Protocolizada y otra, la oferta. Los profesionales de la venta inmobiliaria lo que hacen es mercadear una mercancía que un propietario quiere vender por una cantidad que le facilite cubrir cualquiera de las necesidades enunciadas anteriormente.

Desde hace bastante tiempo, dígase claro, desde el comienzo de esta administración socioeconómica con fundamento marxista, se manejan las Notarías y Registros siendo el acceso a la información “veraz, fehaciente, incontrovertible” prácticamente imposible para los avaluadores y eso, restringe su trabajo al igual que la no publicación de los índices del BCV, ya que su uso es necesario.
Vea señor lector: este tema es controversial, extenso, con muchas aristas sujetas a aclaratorias coloquiales porque es un tema sumamente técnico, de especialistas que tienen más de 49 años haciendo estudios sobre “como mejor opinar”.
Finalmente, los avaluadores opinan. Algunas veces, el dictamen de un avaluador no satisface al cliente y este aspira por su bien lo máximo o, en el caso de las transacciones, “lo que menor cantidad de tributos pague”.

NELSON ROMERO DÍAZ
locuteur@gmail.com


23 de abril de 2015

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